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El problema: ¿Qué son?

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Las bombas de racimo o munición de dispersión (cluster bombs como se denominan en inglés) son recipientes que contienen, en algunos casos, hasta 600 artefactos explosivos en su interior. Estos artefactos explosivos se denominan submuniciones de dispersión.

Una vez lanzadas, con aviones, cohetes, misiles, bombas o bases terrestres, las bombas de racimo se abren y dispersan de forma indiscriminada la totalidad de las submuniciones que contienen. Su finalidad es arrasar grandes extensiones de tierra para destruir enemigos en movimiento, invisibles o dispersos. Tienen un radio de acción de unos 50 metros. La munición de dispersión es imprecisa y actúa indiscriminadamente.

Las submuniciones, en teoría, explotan cuando golpean contra el suelo. Pero muchas no se activan, se calcula que aproximadamente un 30%, y quedan en el suelo esperando ser activadas. Es posible que no se activen porque caigan en un terreno fangoso o queden colgadas en los árboles. El índice de error de las municiones de dispersión es considerablemente más elevado que el que estima la industria. Hay algunos modelos que tienen un mecanismo de autodestrucción pero muchas veces no funciona.

La munición de dispersión genera residuos explosivos de guerra (REG) inestables y de larga duración. Durante generaciones la población sufrirá las consecuencias. Las bombas de racimo causan más víctimas por artefacto que cualquier otro tipo de REG. El problema también es que tienen una mayor carga explosiva que las minas antipersonal y los desactivadotes no conocen los motivos por los que no han explotado y es más peligroso desactivarlas.

Las consecuencias de las bombas cluster sobre la población civil son muy graves, tanto a nivel físico como psicológico, económico y social. La metralla de estos artefactos provoca heridas muy graves, la perdida de miembros y extremidades y, en casos determinados, la muerte. Estas bombas actuan de forma insdiscriminada, sin distinguir entre civiles y militares. De hecho, el 98% de las víctimas causadas por estos explosivos son civiles. Pero también provoca la perdida de infraestructuras (casas, hospitales, escuelas…) y muchas veces, el desplazamiento de la población que se ve obligada a abandonar sus tierras porque están contaminadas con este tipo de armamento. Por la forma que tienen, las submuniciones de dispersión son muy atractivas para los niños, que las cogen y las activan solo por querer jugar con ellas.

La primera vez que se usaron fue en la Guerra del Vietnam, donde se pudo comprobar su eficacia para abatir objetivos poco precisos. Actualmente, han estado presentes en diferentes conflictos, como por ejemplo: en Kosovo (1999), Afganistán (2001), Irak (2003) y en el Líbano (2006). Se calcula que más de 360 millones de estas bombas se han lanzado sobre más de veinte países. Pero este es solo un cálculo estimado, no se puede conocer con exactitud cuantas submuniciones de dispersión esperan para ser activadas ni tampoco el número de víctimas que éstas suponen.